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  • Tú tienes palabras de vida eterna”:un año de pastoreo cercano

    Tú tienes palabras de vida eterna”:un año de pastoreo cercano

    Pbro. Edgar Roberto Pérez Durante 

    El 25 de abril del año pasado, en la fiesta de San Marcos Evangelista, nuestra Iglesia particular vivió un momento de profunda gracia al recibir a su nuevo pastor, Mons. José Francisco González González. Aquella jornada, marcada por la alegría, la esperanza y la oración de todo el pueblo de Dios, abrió para nuestra Arquidiócesis un tiempo nuevo de caminar juntos en la fe.

    Este tiempo ha estado marcado por un estilo pastoral caracterizado por la cercanía, la sencillez y el deseo profundo de compartir la vida con las comunidades que forman nuestra Iglesia particular. Ha sido, en muchos sentidos, un verdadero año de pastoreo cercano, en el que hemos podido experimentar la presencia de un pastor que camina con su pueblo.

    El lema episcopal de nuestro Arzobispo: “Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68), ha iluminado su ministerio pastoral. En esta confesión de fe del apóstol Pedro se encuentra la certeza que sostiene la vida de la Iglesia: sólo Cristo tiene la palabra que da sentido, esperanza y plenitud a la existencia humana. Desde esta convicción, Mons. José Francisco ha querido que su ministerio sea, ante todo, un servicio al Evangelio y una invitación constante a volver a Cristo.

    A lo largo de este primer año, nuestro pastor ha emprendido un camino de cercanía con las comunidades. De manera particular, el presbiterio ha podido experimentar su cercanía fraterna. Mons. José Francisco ha acompañado a los sacerdotes con espíritu de padre y hermano, alentando nuestro ministerio y recordándonos que somos colaboradores en la misma misión de anunciar el Evangelio. 

    Asimismo, la vida consagrada ha encontrado en él un pastor cercano y agradecido por su testimonio en la Iglesia. Con respeto y estima ha reconocido la riqueza espiritual y pastoral que las comunidades religiosas ofrecen a nuestra Arquidiócesis, animándolas a continuar siendo signo del Reino de Dios en medio del pueblo.

    También los fieles laicos han percibido en nuestro arzobispo a un pastor que camina con su pueblo. En encuentros, celebraciones y visitas a las comunidades, su palabra ha sido una invitación constante a que cada bautizado redescubra la belleza de su vocación y asuma con responsabilidad y alegría su misión en la Iglesia y en la sociedad. Así se va haciendo visible una Iglesia que se reconoce familia de Dios y que avanza unida en la fe y en la misión.

    Un momento especialmente significativo en este primer año ha sido el impulso dado a la vida pastoral de la Arquidiócesis. Tras el proceso de evaluación y conclusión del Plan Diocesano de Pastoral 2020–2025, nuestro Arzobispo animó a la Iglesia local a mirar el futuro con esperanza y a reproyectar nuestro camino pastoral. De este discernimiento eclesial ha surgido el Plan Diocesano de Pastoral 2025–2028, que orientará la misión de nuestras parroquias y comunidades en los próximos años.

    Al celebrar este primer aniversario de la llegada de nuestro Arzobispo, damos gracias a Dios por el don de su presencia entre nosotros. Como Iglesia diocesana reconocemos en su ministerio un signo del cuidado amoroso del Señor que continúa guiando a su pueblo. Que Cristo, quien tiene palabras de vida eterna, siga bendiciendo el ministerio pastoral de Mons. José Francisco y nos conceda caminar siempre unidos, como Iglesia viva, en la comunión, la fe y la misión. 

  • ¡Cristo ha resucitado, aleluya!

    ¡Cristo ha resucitado, aleluya!


    El Domingo de Pascua es la celebración central de nuestra fe: la victoria de la vida sobre la muerte y del amor de Dios que renueva toda la creación. La Iglesia prolonga la alegría de la Vigilia Pascual y proclama que Jesús vive, invitándonos a caminar con esperanza y fraternidad.


    La Eucaristía de hoy estuvo acompañada por las Comunidades Misioneras de Regnum Christi, en acción de gracias por concluir su misión de Semana Santa. También, en un profundo gesto de comunión, se ofreció la Santa Misa por las personas desaparecidas y las familias buscadoras. Que la alegría del Resucitado impulse nuestra vida cotidiana: en la familia, en el trabajo y en la comunidad, siendo artesanos de paz, testigos de la esperanza que brota de la Pascua. La vida ha vencido, y Jesús camina con nosotros.

  • Celebración de la Misa Crismal en la Arquidiócesis de Tuxtla

    Celebración de la Misa Crismal en la Arquidiócesis de Tuxtla


    Durante la mañana del martes santo, en el corazón de la Arquidiócesis de Tuxtla, se llevó a cabo la solemne celebración de la Misa Crismal, presidida por el señor arzobispo, Mons. José Francisco González González, en comunión con todo el presbiterio diocesano.

    Previo al inicio de la Eucaristía, los sacerdotes participaron en un momento de adoración a Jesús Sacramentado, espacio de profunda oración y reflexión en torno al ministerio recibido el día de su ordenación.

    Tradicionalmente, la Misa Crismal se celebra el Jueves Santo, día en que también se conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial; sin embargo, en nuestra diócesis, por motivos pastorales, se realiza en días previos a esta fecha.

    Durante la celebración, además de la bendición de los óleos y la consagración del Santo Crisma —que serán utilizados en la administración de los sacramentos a lo largo del año—, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales, signo visible de su comunión y entrega renovada al servicio del Pueblo de Dios.

    Al inicio de la celebración, Mons. José Francisco González González expresó su agradecimiento por el don del ministerio sacerdotal, destacando especialmente a aquellos presbíteros próximos a celebrar sus 25 años de ordenación. Asimismo, agradeció la presencia de Mons. José Luis Mendoza Corzo, obispo auxiliar; de Mons. Felipe Aguirre Franco; así como de los seminaristas, la vida consagrada y los delegados de las parroquias y comunidades, quienes participaron activamente tanto en la Eucaristía como en el traslado de los santos óleos a sus respectivas comunidades.

    Durante su homilía, el señor arzobispo reflexionó sobre el don de la unción recibido desde el Bautismo, el cual se hace presente a lo largo de la vida mediante los sacramentos. Subrayó que esta unción, a ejemplo de Jesucristo, nos hace partícipes de su obra redentora.

    A la luz de la Palabra de Dios proclamada, explicó que la unción del Espíritu Santo conlleva una misión: anunciar la Buena Nueva, capaz de transformar incluso las realidades más vulnerables. En este sentido, recordó que todos los bautizados, tanto del sacerdocio ordenado como del sacerdocio común, estamos consagrados a Dios para vivir en el mundo sin pertenecer al mundo.

    Asimismo, exhortó a los fieles a ser portadores del “buen olor de Cristo” en cada uno de los ambientes donde se desarrollan, invitando a una reflexión profunda: «¿Cuánto hace falta cuidar nuestro bautismo?».

    Dirigiéndose de manera particular a los ministros ordenados, los animó a pedir la gracia de la fidelidad a su ministerio y a configurarse cada vez más con Cristo, el Ungido del Padre, siendo “trigo triturado que se hace buen pan”, instrumento para llevar la vida de Dios a los demás.

    Al abordar las diversas realidades que enfrenta la sociedad actual, el arzobispo planteó una pregunta que ilumina la misión de todo cristiano: «¿De qué sirve un bautizado, un consagrado que no quiere ser luz para los demás?».

    Finalmente, invitó a todos los presentes a cultivar una constante escucha de Dios en el silencio, dejándose fortalecer por el Espíritu Santo en el diálogo continuo de la oración.